Libros sobre mujeres o de mujeres

Vamos tarde para decirle a los Reyes Magos qué queremos que nos traigan esta noche. Aun así, por si alguien decide ir corriendo a la librería de la esquina y darle una alegría (o una lección…) a sus parientes o parejas, aquí van algunos de los libros leídos o adquiridos a lo largo de 2017. Son libros de mujeres, sobre mujeres o sobre feminismo. Algunos de mera divulgación, otros simplemente curiosidades y alguno de barricada. Para todos los gustos.

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  • LE FÉMINISME (Anne-Charlotte Husson y Thomas Mathieu)

Aquí un libro de divulgación feminista que forma parte de La Petite Bédéthèque des Savoirs, una colección de la editorial belga de cómics Le Lombard, en la que se explican en formato cómic distintos savoirs. Se trata de una obra muy sencilla, pero muy bella, en la que se explica brevemente la historia del feminismo desde Olympe de Gouges; explica también cuestiones relativas al machismo en el lenguaje (el concepto de “drama conyugal” para referirnos a asesinatos) o datos como que el 70% de las mujeres han sufrido algún tipo de violencia de género a lo largo de su vida.

Un libro muy didáctico y entretenido tanto para las personas a las que nos interesa el tema como para ese personaje reacio a creer que el feminismo sea necesario (fundamentalmente, porque es más o menos fácil convencer a alguien para que se lea un tebeo cortito).

  • MEN EXPLAIN THINGS TO ME (Rebecca Solnit)

De este libro esencial ya hemos escrito en este Blog. Poco más que añadir sobre esta recopilación de ensayos que arranca con la consabida anécdota del mansplaining (o machoexplicación, como este año ha sugerido Fundeu) y discurre por los diferentes problemas que se derivan de silenciar a las mujeres (la violencia hacia la mujer o el poder del lenguaje en la lucha contra el machismo).

Obra sencilla, rápida y fundamental.

  • THE HANDMAID’S TALE (Margaret Atwood)

Esta distopía se ha puesto de moda a raíz de la serie del mismo nombre (que quien escribe, no ha visto). Brutal y angustiosa, retrata un mundo matriarcal en el que los derechos de las mujeres han sido eliminados. Personalmente, lo que más me hizo reflexionar del libro fue la facilidad con la que podemos perder unos derechos que creemos consolidados e incuestionables; me produjo horror.

Es un libro muy adecuado para todas aquellas personas que siguen defendiendo que como su madre manda mucho en casa (con todas las formas derivadas y menos grotescas que existen para decir esto mismo) no existe el machismo.

  • MARÍA ESTUARDO (Stefan Zweig)

Que Stefan Zweig no es una señora, es un hecho; citarlo en esta lista es un pecado que se perdonará después de leer el libro.

Zweig tiene una prosa que es absolutamente maravillosa y el personaje de María Estuardo (aunque muriera como mártir católica, lo que tiene muy poco de feminista) es lo suficientemente interesante como para que el autor austriaco se fijara en ella. María Estuardo vivió en una época de reinas en la que ella tuvo, o mala suerte, o poca capacidad de decisión. Aun así, puesto que se trataba de un libro sobre una mujer que retrata muy bien una época en la que otra (Isabel I) miraba a la cara al resto de reyes europeos, merecía la pena la mención.

  • MACHISMO: 8 PASOS PARA QUITÁRTELO DE ENCIMA (Barbijaputa)

Aquí el libro de barricada. Pero, claro, como una amiga me ha dicho últimamente “cuando te das cuenta de cómo están las cosas, te pasas directamente a la barricada; y tú ahora estás en la barricada”. Bienvenidos.

El libro es más que interesante y merece la pena su lectura. Aún así, no comparto (al menos como esperanza) algunas de sus premisas ya que creo que mezcla dos luchas distintas (feminismo/machismo vs arriba/abajo o izquierda/derecha). Y digo como esperanza porque, mientras no estemos todas las mujeres alineadas en la misma lucha, dudo mucho que podamos progresar verdaderamente. Tenemos que unirnos TODAS.

Dicho lo cual, el libro es tan interesante como incendiario y su lectura merece la pena.

  • VAYAMOS ADELANTE (Sheryl Sandberg)

No está entre mis libros favoritos porque entra peligrosamente en el terreno de la autoayuda. Sin embargo, y dejando de lado los consejos (cada uno sabrá cómo se puede organizar la vida) el libro de esta directiva de Facebook sí realiza reflexiones y dilemas interesantes con los que las mujeres que trabajan en un mundo fundamentalmente de hombres y con cierto nivel de responsabilidad se pueden encontrar.

Insisto, olvidándonos del tufillo a autoayuda que tiene el libro (empezando por la portada… omg), del libro se pueden extraer conclusiones interesantes.

  • LAS MENTIRAS CIENTÍFICAS SOBRE LAS MUJERES (S. García Dauder y Eulalia Pérez Sedeño)

Pidiendo disculpas de antemano por (no) hacer una reseña de un libro no leído, me ha parecido interesante citarlo, visto que es la última adquisición en la biblioteca.

Obviamente, no haremos una reseña de un libro no leído, pero el concepto de la obra es, como mínimo, interesante, ya que buena parte de las conductas discriminatorias sufridas por las mujeres a lo largo de la historia están basadas en supuestas justificaciones científicas, biológicas o naturales. A esto se une que la ciencia (como tantos otros campos) ha sido un área tradicionalmente habitada por hombres, por lo que esas verdades se han ido perpetuando. El libro parece que trata de desmontarlas o, al menos, cuestionarlas. Veremos si es cierto y, en tal caso, lo contaremos.

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No es una moda. Es una realidad.

Cada año, al llegar diciembre, el diccionario americano Merriam-Webster decide las palabras que han tenido más repercusión durante el año que termina. Este año la palabra elegida ha sido “feminism“, palabra introducida en el diccionario inglés en 1841.

FEMINISM THE GUARDIAN

Para todo aquel que sigue poniéndolo en duda (entre otros, mujeres influyentes), el feminismo persigue la igualdad de género, no un cambio de papeles que nada arreglaría. Se trata de tener en cuenta a la mitad de la población a la hora de tomar decisiones estratégicas importantes, lo que, estamos seguras, mejorará, no sólo el nivel de equidad de la sociedad, sino también el rendimiento económico de nuestras actividades.

Nos encontramos en el momento en el que mayor concienciación tienen las mujeres (y cada vez más hombres) de la necesidad de ser reivindicativas con sus derechos y, sólo por eso, hay razones para el optimismo.

Es motivador que la palabra “feminism” haya sido elegida como palabra del año. Pero no tratemos al concepto como una moda pasajera, sino como lo que es: un movimiento social, serio y necesario que, mientras no se consiga la igualdad de género, debe estar presente a diario en nuestras reivindicaciones.

 

Cuidados sin género

Nuestro país -y me atrevería a hablar de nuestro continente-, lleva alrededor de diez años en crisis económica. Una crisis que, en lo que a nuestro entorno geográfico se refiere, se ha concentrado en un notable aumento del paro cuya cura ningún político o economista parece encontrar, con consecuencias catastróficas para muchas familias.

Este artículo publicado recientemente en Ctxt.es y escrito por Sara Menéndez Espina  (investigadora de Workforall, de la Universidad de Oviedo) realiza una interesante reflexión sobre las implicaciones del papel femenino en los cuidados familiares en el mercado laboral. Muy sintéticamente, y sin ánimo de reproducir el artículo, ya que merece una lectura detenida, Sara Menéndez señala que difícilmente se podrá alterar la tendencia de dicho mercado si se ignora su realidad. Y su realidad actualmente es que, habiéndose otorgado a ese trabajo doméstico la importancia que éste tiene -¡por fin!- sigue manteniéndose en el orden privado. Ello obliga a que, en palabras de la propia autora del artículo, la mitad de la población carga con el cuidado de los bebés, los niños y niñas pequeños, la alimentación de la familia, el mantenimiento del hogar, el cuidado de personas con enfermedades crónicas, con discapacidad, ancianos y ancianas, etc. intentando combinar esas tareas gratuitas con las exigencias de un mercado laboral hecho a medida de quienes no cuidan.

Como también dice el artículo, se trata de un problema estructural. Son (somos) las propias mujeres las que cargamos con dichos cuidados de forma natural, y son nuestros compañeros (incluso los más empáticos y feministas) los que delegan naturalmente en sus parejas dichas tareas. A menudo ni siquiera detectan la necesidad del cuidado.

Efectivamente, las políticas de conciliación son un paso; pero a estas alturas será necesario ya dar una zancada, por lo que es esencial realizar un análisis profundo y serio de un mercado laboral en el que se incluya el reconocimiento a unas tareas que actualmente son privadas y, por lo tanto, invisibles.

(Agradecimiento a uno de nuestros oteadores habituales por enviarnos este artículo: hemos vuelto de vacaciones).

Feminismo y ciudad

Este post es gracias a Angels y su historia la vamos a contar después. Pero, primero, merece la pena hacer una breve introducción teórica sobre las motivaciones del artículo. Sigue leyendo; merece la pena.

Claramente, no nos tenemos por poco sensibles a las problemáticas derivadas del género (si no, ¿qué estamos haciendo aquí?) pero, en el terreno del urbanismo, área a la que nos dedicamos algunos, los hay que seguíamos sin ver la trascendencia de esa perspectiva. Muy probablemente eso se debe a que quienes nos han guiado por la senda del urbanismo en nuestros inicios son hombres, muy tradicionales y, aunque ellos digan que no, claramente machistas. Todo esto no deja de ser curioso, cuando la gran referencia del urbanismo moderno es una mujer: la insigne y admirada Jane Jacobs.

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En todo caso, no hay como salir de tu pequeño caparazón e investigar un poco para entender el por qué de las cosas.

El por qué del discreto contenido de la Disposición Adicional Decimoctava de la Ley de Urbanismo de Cataluña, que exige que la Administración incorpore la perspectiva de género en su desarrollo reglamentario, para garantizar la promoción de la representación paritaria en la composición de los órganos colegiados que aprueban los planes urbanísticos (sorprendentemente, compuestos por hombres en su mayoría), así como la evaluación del impacto de la acción urbanística en función del género. También, el por qué del artículo 69 del Reglamento que desarrolla la citada Ley de Urbanismo, que exige que la Memoria Social de los planes incluya una evaluación del impacto de la ordenación en función del género para contribuir a la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, con enumeración de los vectores que dicha Memoria deberá contener para la cumplir esta norma.

Sin embargo, nada de eso es suficiente porque, seamos francos, ningún abogado recurría un instrumento de planeamiento urbanístico por no incluir una reflexión sobre el género. Hasta ahora. El Tribunal Superior de Justicia de Madrid ha dictado en abril de 2017 una Sentencia en la que tira al suelo el Plan General de Boadilla del Monte por… (redoble de tambores): NO TENER PERSPECTIVA DE GÉNERO. Más allá de la interesante reflexión jurídica que realiza la sentencia en cuestión -que sólo nos interesa a los que nos dedicamos a esto- la Sentencia afirma la necesidad de esta reflexión dado que “debe examinarse también el obligado cumplimiento de manera activa del mandato de igualdad y no discriminación entre mujeres y hombres en el ámbito de la ordenación territorial y urbanística”. Así, por ejemplo, indica que los instrumentos deben considerar el impacto de género que estos instrumentos pueden tener al regular la ubicación y características de los viales y conexión de las calles con las escuelas, o la tipología edificatoria en relación con la seguridad pública y la prevención de agresiones sexuales a las mujeres.

Afortunadamente, no son pocos los medios que, poco a poco, se hacen eco de esta problemática, como por ejemplo este artículo publicado en El Diario hace unas semanas.

¡HOLA! ¿ALGUIEN SIGUE LEYENDO? Pues ahora viene la historia de Angels. Angels es una señora en paro que tiene dos hijos adolescentes. Es una mujer superviviente de violencia doméstica, con una orden de alejamiento dictada contra su exmarido. Busca trabajo a través de varias fundaciones que ayudan a mujeres en su jodida precaria situación. Así que, durante una visita para preparar una posible entrevista de trabajo como personal de limpieza, se le preguntó cuáles eran sus puntos débiles para ese trabajo. Dijo que el miedo. Desde una vida sin órdenes de alejamiento, entendemos que es el miedo a no triunfar, a que no salga el trabajo, a llevarnos mal con el jefe. Desde su perspectiva es miedo a ir a trabajar de madrugada a un área financiera llena de rascacielos y aislada de todo; miedo a esperar en una parada de autobús sin contacto visual con prácticamente ningún ser humano a las 5 de la madrugada; miedo a llegar a casa a última hora de una tarde invernal a través de una calle sin tiendas y sin iluminación.

Y esto, señoras y señores, es una de las manifestaciones del urbanismo con perspectiva de género.

 

Arrête ton Cinéma!

A los que trabajamos en una oficina, rodeados de trajes grises y nos dedicamos a cobrar por ensuciar papel, a veces nos parece que otros mundos son más civilizados e igualitarios. Concretamente, nos parece que en el mundo de la cultura, donde -seamos sinceros- la sensación es de que la mentalidad es algo más progresista que en el mundo de los negocios, los problemas de machismo, de falta de igualdad en reconocimiento y sueldo, son menores.

Nada más lejos de la realidad. En la última entrega de los premios Goya en España, la falta de igualdad entre los sueldos, protagonismo e importancia de los papeles asignados a actores y actrices fue un clamor. Como dice Leticia Dolera en este artículo “Si siempre ponemos al hombre en el centro de la historia lo que le estás contando al mundo es que el héroe tiene que ser el hombre. Y la mujer, la víctima a rescatar o el objeto sexual”. Y si bien es cierto que la diferencia entre actores y actrices es flagrante, si nos giramos y miramos diferencias entre hombres y mujeres en los puestos de carácter técnico en las películas es todavía mayor. El hecho es que sólo un 14% de los nominados este año a los Cabezones de Honor eran mujeres y que a ellas se les asignan normalmente los premios de peluquería, vestuario y maquillaje, cuando muchas mujeres son guionistas, directoras de arte y fotografía.

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Hay lugar para la esperanza y Anna Serner y el Instituto de Cine de Suecia pueden conocer parte de la solución. Y es que en ese país, hasta 2012 sólo había un 26% de películas dirigidos por mujeres, cuando en 2015 lograron que ese porcentaje subiera al 50%. ¿Mujeres a toda costa? ¡No! Tras ello, la representación de Suecia en los festivales del mundo era en un 70% femenina, y el porcentaje de mujeres que ese año obtuvieron los premios de la academia del cine sueca fue superior al 50%. ¿Cómo? Siguiendo cinco líneas estratégicas y desmontando mitos:

  • Hay muy pocas mujeres realizadoras competentes. ERROR. Hay muchas, pero son menos visibles que sus compañeros masculinos. Encontrémoslas.
  • Las mujeres no llegan a realizar su segunda o tercera película. SÍ, lo consiguen. Pero les cuesta más encontrar socios y financiación.
  • La comparación entre el porcentaje de hombres y mujeres en el cine no conduce a la igualdad. SÍ, lo conseguirá. Porque adoptar decisiones teniendo en cuenta la desigualdad existente conducirá a reducir esa desigualdad en un futuro.
  • Hay menos mujeres jóvenes que quieren ser realizadoras que hombres. Eso es simplemente, falso. Lo que puede ocurrir es que muchas mujeres se desanimen antes de empezar al ver las dificultades que eso entraña. Démosle la vuelta y animémoslas.
  • Los que están en el poder no quieren que las cosas cambien. Desde los poderes públicos hay mucho que hacer y promover; con el tiempo, el sector privado también avanza y modifica sus estructuras, sobre todo si se dan cuenta de que con las actuales pierden talento pero, sobre todo, dinero.

Hay mucho que aprender de este Instituto y de su directora. Y mucho por hacer. De momento, las mujeres se asocian en distintos grupos, para apoyarse pero, sobre todo, para informarse. Así por ejemplo (H)emen, CIMA o EWA. Ese es el segundo paso, después de haber tomado conciencia de la situación. Y a partir de allí, a trabajar.

No es sencillo (ni cómodo)

La vida, en su carril, es en general sencilla. Si no te mueves, sales en la foto (aunque sea en una esquina). Hay pocas cosas que te molesten con desmesura. Sigues, evolucionas dentro de lo que se espera de ti. Es cierto que a veces te sientes incómodo, sin saber por qué; que sientes cierto malestar y no identificas de dónde proviene. Pero, en la mayor parte de las ocasiones, entierras esa sensación con el ritmo de la vida y tu entretenimiento por pura supervivencia.

Sin embargo, a veces verbalizas ese malestar. Lo localizas, le pones palabras y lo identificas claramente. A partir de ahí, no hay marcha atrás. Cada vez que se manifiesta de alguna manera, te rebelas contra él. Tal vez no puedas eliminarlo, pero sí puedes poner encima de la mesa que no, que esa no es la manera, que no te gusta, que no lo soportas y no lo vas a tolerar. Ya nunca.

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Esa es exactamente la sensación que algunos tenemos con el feminismo (y con las manifestaciones machistas, en consecuencia). El día en que te das cuenta de que es el machismo que flota en la sociedad una de las fuentes de tu malestar, ya nunca puedes dejar de pensar en clave feminista. Y a partir de allí, canciones que antes eran aparentemente inocuas, pasan a ser intolerables; dejas de ver películas que eran puro entretenimiento; censuras en el trabajo refranes y comentarios que tú mismo has dicho más de mil veces. Y es mucho, muchísimo, lo que se te manifiesta como inaceptable. A partir de allí, intentas atajar la causa de tu malestar, pero sólo lo puedes hacer a través de un feminismo serio y consciente, ya que las canciones, las películas, los comentarios en el trabajo no desaparecen -estos últimos tal vez los modulen en tu presencia, pero no desaparecerán-.

Es mucho más cómodo a corto plazo seguir en el carril y hacer lo que se espera de ti como mujer en la vida y en el trabajo. Sin embargo, es una comodidad relativa, al servicio de la mayor comodidad de los demás. Una vez que has abierto los ojos, jamás puedes volver a ese carril.

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Men explain things to me. Por Rebecca Solnit.

El libro de Rebecca Solnit no habla de los temas que queremos tratar en este blog. Y, a la vez, trata de todo lo que queremos tratar en este blog.

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El libro de Rebecca Solnit arranca con una anécdota que es, precisamente, un síntoma del comportamiento que provoca que escribamos estas palabras. Arranca con la célebre anécdota en la que un hombre explica a la propia autora de qué va un libro. Un libro que ella misma ha escrito. Y que él ni siquiera ha leído. Se trata de una situación en la que muchas mujeres se encuentran a diario en sus trabajos. Reuniones, llamadas, encuentros, en los que una mujer tiene que escuchar callada cómo un hombre, sólo por el hecho de serlo, le explica -mal- el tema en el que ella es experta. Cuando probablemente él ni siquiera ha leído una palabra sobre el tema. Este es el panuestrodecadadía en la vida profesional de muchas mujeres.

Después, el libro pasa a ser casi un tratado de filosofía sobre la situación de la mujer en los últimos siglos. Eso implica, claro está, que de ahí se pase necesariamente a hablar de situaciones mucho más graves que el paternalismo en el trabajo. Se habla de violaciones en grupo, de cómo éstas se intentan evitar sólo a través del comportamiento de la potencial víctima -no te vistas así, no vayas sola por la noche- y no a través del comportamiento del agresor -no violes- y de asesinatos a manos de maridos y parejas. Habla de violencia de género y de cómo, afortunadamente, la reacción de muchas mujeres y hombres a lo largo de las últimas décadas ha conseguido que se acuñen nuevas expresiones necesarias para alcanzar igualdad al menos en el papel: el concepto violación marital antes no existía, puesto que no se contemplaba la posibilidad de que una mujer pudiera ser violada por su marido, éste se limitaba a ejercer su derecho; el acoso sexual en Estados Unidos no fue reconocido como un comportamiento punible por el Tribunal Supremo hasta 1986.

Tal y como señalamos en nuestro ideario, no es el objetivo de este blog tratar las formas más graves de agresión a las mujeres. Sin embargo, lo que no podemos negarle a la autora del libro es que, al final, todo es machismo y son las actitudes leves las que sostienen las más graves. Porque al final, parafraseando a Solnit (que a su vez cita a Marie Sheer) “feminism is the radical notion that women are people, a notion not universally accepted but spreading nonetheless”.

El libro de Rebecca Solnit trata de que en el trabajo, en casa, en los campus universitarios, en las relaciones de pareja, en los bares y tabernas, las mujeres deben ser tratadas como personas, ni más ni menos.

Sin duda, de eso sí que trata este blog.

El libro está disponible en la versión original inglesa y también traducido al castellano por Paula Martín en una edición bastante cuidada.