Una brecha que se mantiene

Según los datos publicados este jueves por la oficina estadística europea, Eurostat, las mujeres se han visto más afectadas que los hombres por el desempleo en el arranque del año, tanto en los países de la eurozona como en el conjunto de la Unión Europea (UE).

La tasa de desempleo se mantuvo globalmente en el 9,6 % en enero en la eurozona y bajó una décima en el conjunto de la UE, situándose en el 8,1 %, en ambos casos por debajo del paro femenino, que fue del 10 % en los Diecinueve y del 8,4 % en los Veintiocho.

España es junto con Grecia uno de los países donde la diferencia de parados entre hombres y mujeres es más elevada, con más de tres puntos porcentuales (16,8 % frente a 19,9 %). También es importante la brecha en la República Checa (4,1 % frente a 2,8 %) e Italia (13,3 % frente a 10,9 %).

Por el contrario, el paro afectó más a los hombres que a las mujeres en Letonia (11,4 % frente a 8 %); Lituania (9,6 % frente a 6,7 %); Finlandia (8,8 % frente a 8,6 %); Suecia (7,2 % frente a 6,5 %) y Francia (10,1 % frente a 9,9 %).

Un cordial saludo a Janusz Korwin-Mikke, que esta semana se ha ganado el premio a cateto de la semana.

8 de marzo: ¿sí?

Se trata éste de un tema que causa cierta controversia en la redacción. Día Internacional de la Mujer, 8 de marzo: sí o no.

A favor tiene que lo institucionalizó la ONU (que cuenta desde 2010 con una entidad específica para luchar por la igualdad de género  UN Women) en 1975, que es un día en que se puede ejercer una especial labor de sensibilización por este tema, que ha perdido el matiz sindicalista de “trabajadora” que podía provocar que no todas las mujeres se sintieran identificadas con la celebración. Y que, al final, hace falta un día especial de sensibilización para reivindicar que la igualdad de derechos está muy lejos de haberse alcanzado.

En contra: fundamentalmente, que las mujeres no se resignan a ser un colectivo desfavorecido y que la reivindicación ha de ser a diario, porque a diario se sufre el trato desigual. A esto se une que el gremio de la abogacía (y el mundo de los negocios en general) no es especialmente sensible a los movimientos sociales, huelgas y manifestaciones.

En cualquier caso, no podemos ignorar que el día existe y que este año ha habido movilizaciones desde el mes de octubre en todo el mundo para hacer patente la brecha salarial entre hombres y mujeres (que, según un informe reciente, se sitúa en el 23,25%) Este año se está organizando una huelga/paro de mujeres para el día 8 de marzo que pretende hacer más patente, si cabe, que si las mujeres paran, el mundo se para (sí, también los despachos de abogados se paran).

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Algunos medios se han hecho eco de esta noticia. Además de la habitual manifestación que se celebra con motivo de este día, se pretende celebrar un paro de media hora, entre las 12 y las 12.30. Se trata de levantar las manos durante media hora: no atender llamadas, no escribir demandas, no asistir a reuniones: parar es PARAR. Durante media hora… hasta los abogados nos podemos permitir un paro.

 

Pascua Militar, s. XXI

En realidad, no debería indignarnos que un club al que no queremos pertenecer publique o diga cosas con las que no estamos de acuerdo. Sin embargo, no siempre podemos evitar reacciones furibundas ante declaraciones cardenalicias -a pesar de no ser católicos-, o publicaciones en periódicos que jamás compramos.

De ahí algunas reacciones ante esta noticia publicada recientemente en el diario ABC. La publicación venía ilustrada por la siguiente imagen que, como no podía ser de otra manera tratándose de mujeres, es más propia de una revista de moda que de una noticia de carácter político:

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(fuente: ABC)

¿Y no será, digo yo, que cuando se ideó ese protocolo, las mujeres no llegaban a ministras?

Un catedrático de Harvard vs una lavandera

Hace unos meses, en una pausa frente a una máquina de café, se planteó la recurrente discusión relativa a “cuota femenina sí-cuota femenina no”. Después de varias idas y venidas, un reputado abogado, que posiblemente se tiene como sensible a las cuestiones relativas al género femenino -en el país de los ciegos…-, planteó que él estaba en contra de las cuotas. Su razonamiento fue demoledor: si estoy buscando, por ejemplo, ponentes para un ciclo de conferencias, quiero que vengan los mejores y si tengo que elegir entre un catedrático de Harvard y una profesora asociada de la Universidad de La Almunia de Doña Godina, ¿por qué voy a tener que elegir a la señora de La Almunia sólo porque sea mujer?

(pausa dramática; rictus)

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Porque claro, lo fácil es acudir al reconocidísimo profesor de Harvard, pero ¿no habrá profesoras interesantes en Yale, LSE, Science Po, Tsinghua, Bolonia que estarían capacitadas para aportar valor añadido a la conferencia? ¿Sólo podemos acudir a la Universidad de La Almunia de Doña Godina para encontrar una mujer mínimamente competente? ¿No merece la pena esforzarse un poco por buscar y conocer a esas mujeres que, repartidas por el mundo, están también preparadas? Sin duda cuesta más encontrarlas, ya que hay menos. No es porque sean menos válidas, es porque están menos apoyadas. De ahí, las cuotas.

Las cuotas son necesarias, son el antibiótico necesario para una sociedad que todavía está enferma de machismo. El día en que haya paridad en los puestos directivos, tribunales, juntas de socios… las cuotas no serán necesarias; porque nadie toma amoxicilina si no está enfermo.

Por eso es interesante la lectura de esta entrevista a María Blasco (actual directora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas) publicada recientemente en Jot Down. El razonamiento es sencillo, según María Blasco: “Se obliga a cumplir con un cupo porque hay una discriminación de facto. Las mujeres están discriminadas. No porque sean más tontas o sepan menos que los hombres. Es que no son igual de apoyadas ni están valoradas igual que los colegas masculinos”.

Nada más que añadir, Señoría.

Los términos sí importan

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Queremos empezar este blog explicando por qué utilizamos unos términos y no otros. Viniendo del mundo del Derecho, tenemos claro que las palabras importan y mucho, así que con este primer post nos centramos en qué queremos y qué no queremos transmitir. […y no nos referimos a los “todos y todas” ni a las “@” por todas partes…]

Primero: sobre los feminismos. Nos consideramos feministas, sí. Ni fresitas, ni feminazis, ni igualitaristas. No perseguimos un ideal matriarcal, ni creemos en un discurso de buenos y malos, pero la igualdad de género como objetivo es clarísimamente insuficiente. No se nos entienda mal: ¡ojalá existiera!, pero es que la igualdad en el mundo de los negocios siempre parte del parámetro masculino y, por tanto, el objetivo es, por pura biología, inalcanzable. Y como no queremos perseguir, también, esa zanahoria, dejémoslo en feminismo. El término es claro y todos sabemos que si la reivindicación existe es porque el río… agua lleva.

Segundo: sobre los machismos. Nuestra carta de presentación ya dice que no queremos denunciar delitos. La violencia machista es una lacra incomprensible en el siglo XXI contra la que expresamos nuestra denuncia más firme. Pero su mera existencia automáticamente resta importancia a los llamados micromachismos, que precisamente se califican de “micro” por comparación. Pues no. No son micro. Son absolutamente macro, porque existen en todos los sectores económicos y profesionales, porque violan un derecho constitucional y porque afectan a todas las mujeres (y familias) de este país. ¿Cómo puede calificarse de micro un fenómeno tan extendido? También aquí, dejémoslo en machismo.

Tercero: sobre el mundo de los negocios. ¿Por qué nos centramos en el mundo de las profesiones liberales y los negocios? Porque es el que conocemos y porque nos parece que están ahí especialmente extendidas las costumbres que bajo una falsa apariencia de educación o elegancia bendicen actitudes machistas o, en el mejor de los casos, las camuflan. Abrir la puerta para dejar paso a un colega o evitar los tacos en reuniones de trabajo deberían ser cuestiones de educación independientes del género. Institucionalizar los tacones, preguntar por las perspectivas familiares en entrevistas de trabajo o bromear abiertamente sobre las medidas de la última becaria o la mala leche de “la” jefa, no.

A partir de aquí, hablemos.