Cuidados sin género

Nuestro país -y me atrevería a hablar de nuestro continente-, lleva alrededor de diez años en crisis económica. Una crisis que, en lo que a nuestro entorno geográfico se refiere, se ha concentrado en un notable aumento del paro cuya cura ningún político o economista parece encontrar, con consecuencias catastróficas para muchas familias.

Este artículo publicado recientemente en Ctxt.es y escrito por Sara Menéndez Espina  (investigadora de Workforall, de la Universidad de Oviedo) realiza una interesante reflexión sobre las implicaciones del papel femenino en los cuidados familiares en el mercado laboral. Muy sintéticamente, y sin ánimo de reproducir el artículo, ya que merece una lectura detenida, Sara Menéndez señala que difícilmente se podrá alterar la tendencia de dicho mercado si se ignora su realidad. Y su realidad actualmente es que, habiéndose otorgado a ese trabajo doméstico la importancia que éste tiene -¡por fin!- sigue manteniéndose en el orden privado. Ello obliga a que, en palabras de la propia autora del artículo, la mitad de la población carga con el cuidado de los bebés, los niños y niñas pequeños, la alimentación de la familia, el mantenimiento del hogar, el cuidado de personas con enfermedades crónicas, con discapacidad, ancianos y ancianas, etc. intentando combinar esas tareas gratuitas con las exigencias de un mercado laboral hecho a medida de quienes no cuidan.

Como también dice el artículo, se trata de un problema estructural. Son (somos) las propias mujeres las que cargamos con dichos cuidados de forma natural, y son nuestros compañeros (incluso los más empáticos y feministas) los que delegan naturalmente en sus parejas dichas tareas. A menudo ni siquiera detectan la necesidad del cuidado.

Efectivamente, las políticas de conciliación son un paso; pero a estas alturas será necesario ya dar una zancada, por lo que es esencial realizar un análisis profundo y serio de un mercado laboral en el que se incluya el reconocimiento a unas tareas que actualmente son privadas y, por lo tanto, invisibles.

(Agradecimiento a uno de nuestros oteadores habituales por enviarnos este artículo: hemos vuelto de vacaciones).

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Mansplaining

Men explain things to me. Por Rebecca Solnit.

El libro de Rebecca Solnit no habla de los temas que queremos tratar en este blog. Y, a la vez, trata de todo lo que queremos tratar en este blog.

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El libro de Rebecca Solnit arranca con una anécdota que es, precisamente, un síntoma del comportamiento que provoca que escribamos estas palabras. Arranca con la célebre anécdota en la que un hombre explica a la propia autora de qué va un libro. Un libro que ella misma ha escrito. Y que él ni siquiera ha leído. Se trata de una situación en la que muchas mujeres se encuentran a diario en sus trabajos. Reuniones, llamadas, encuentros, en los que una mujer tiene que escuchar callada cómo un hombre, sólo por el hecho de serlo, le explica -mal- el tema en el que ella es experta. Cuando probablemente él ni siquiera ha leído una palabra sobre el tema. Este es el panuestrodecadadía en la vida profesional de muchas mujeres.

Después, el libro pasa a ser casi un tratado de filosofía sobre la situación de la mujer en los últimos siglos. Eso implica, claro está, que de ahí se pase necesariamente a hablar de situaciones mucho más graves que el paternalismo en el trabajo. Se habla de violaciones en grupo, de cómo éstas se intentan evitar sólo a través del comportamiento de la potencial víctima -no te vistas así, no vayas sola por la noche- y no a través del comportamiento del agresor -no violes- y de asesinatos a manos de maridos y parejas. Habla de violencia de género y de cómo, afortunadamente, la reacción de muchas mujeres y hombres a lo largo de las últimas décadas ha conseguido que se acuñen nuevas expresiones necesarias para alcanzar igualdad al menos en el papel: el concepto violación marital antes no existía, puesto que no se contemplaba la posibilidad de que una mujer pudiera ser violada por su marido, éste se limitaba a ejercer su derecho; el acoso sexual en Estados Unidos no fue reconocido como un comportamiento punible por el Tribunal Supremo hasta 1986.

Tal y como señalamos en nuestro ideario, no es el objetivo de este blog tratar las formas más graves de agresión a las mujeres. Sin embargo, lo que no podemos negarle a la autora del libro es que, al final, todo es machismo y son las actitudes leves las que sostienen las más graves. Porque al final, parafraseando a Solnit (que a su vez cita a Marie Sheer) “feminism is the radical notion that women are people, a notion not universally accepted but spreading nonetheless”.

El libro de Rebecca Solnit trata de que en el trabajo, en casa, en los campus universitarios, en las relaciones de pareja, en los bares y tabernas, las mujeres deben ser tratadas como personas, ni más ni menos.

Sin duda, de eso sí que trata este blog.

El libro está disponible en la versión original inglesa y también traducido al castellano por Paula Martín en una edición bastante cuidada.