A ver… ¡dame ejemplos!

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Conversación de barra de bar entre compañeros de oficina que rondan la treintena (extractos basados en diálogos reales):

Él: Hoy ya no hay discriminación en la oficina. En otros sectores por supuesto que sí, y la violencia machista es claramente una lacra en este país, pero a nuestro nivel yo no veo discriminación.

Ella: ¡Y tanto que la ves! Todos los días. Quedarte embarazada es un problema, llegar a puestos de dirección es utópico, “hacerte escuchar” en reuniones es una batalla perdida, los comentarios sobre tu vestimenta (no tu trabajo) están a la orden del día…

Él: Eso son generalizaciones. Discriminar por quedarte embarazada está prohibido.

Ella: Sí, cualquier discriminación por género en el trabajo es contraria al artículo 14 de la Constitución; ergo, no hay discriminación en España. Muy bien, Sherlock.

Él: A ver, dame ejemplos concretos que hayas visto tú, sólo has mencionado anécdotas sin importancia. Has tenido siempre las mismas oportunidades que nosotros…

Ella: Déjalo…

Lo cierto es que en conversaciones de este tipo te acabas quedando sin ejemplos. Aparentemente “el día a día” no es suficiente y acabas dejando la conversación por pesadita y repetitiva. Por fortuna, no, nunca me han tocado el culo en el trabajo, nunca me he sentido directa y violentamente acosada, ni me he quedado embarazada, todavía. Al parecer, si no hay nada de eso, te quejas de vicio. Mira la tele y verás que todos los días muere alguien por violencia machista. Deja de quejarte por chorradas de oficina que no tienen trascendencia y alégrate si alguien se fija en tus bonitas piernas el día que llevas falda porque en unos años dejarán de fijarse y lo echarás de menos… (sic!)

Me he cansado de estas conversaciones, así que la próxima vez que alguien me pida ejemplos le diré que siga fijándose en su ombligo que claramente le da muchas alegrías y mucha tranquilidad de espíritu. Solo por zanjar el tema, a continuación van algunos datos reales que, por supuesto, generalizan… es lo que tienen las estadísticas:

  • En ningún país del mundo el salario medio de las mujeres supera el 80% del salario medio de los hombres (…¡ni en Finlandia!).
  • El éxito de los hombres se atribuye a su capacidad. El de las mujeres a las circunstancias, a su atractivo o a su esfuerzo. [Traducción: ¡Vamos! ¡Corre! Si eres guapa, inteligente, proactiva, mamá enrollada, simpática, atractiva, medio tiburón y además llevas minifalda, seguro que asciendes!! …tú sigue persiguiendo la zanahoria]
  • Experimento sociológico: ante un texto científico idéntico los evaluadores, hombres y mujeres, otorgan una puntuación mayor si creen que su autor se llama Juan en vez de Juana.
  • En el mundo académico, dentro de la misma categoría y con los mismos años y méritos, las mujeres cobran de media 3.000 euros brutos anuales menos que los hombres.
  • Suecia, 1995: las mujeres necesitaban 3 publicaciones más que los hombres en las mismas revistas de prestigio para ser juzgadas igual de competentes que ellos. […¿cuál sería el resultado del estudio en España, hoy?].

Estos son sólo algunos de los datos que nos ofrecen Maria Àngels Viladot y Melanie Caroline Steffens en “Estereotipos de género en el trabajo“. Datos, no especulaciones. ¡Gracias por una investigación brillante!

Feminismo y ciudad

Este post es gracias a Angels y su historia la vamos a contar después. Pero, primero, merece la pena hacer una breve introducción teórica sobre las motivaciones del artículo. Sigue leyendo; merece la pena.

Claramente, no nos tenemos por poco sensibles a las problemáticas derivadas del género (si no, ¿qué estamos haciendo aquí?) pero, en el terreno del urbanismo, área a la que nos dedicamos algunos, los hay que seguíamos sin ver la trascendencia de esa perspectiva. Muy probablemente eso se debe a que quienes nos han guiado por la senda del urbanismo en nuestros inicios son hombres, muy tradicionales y, aunque ellos digan que no, claramente machistas. Todo esto no deja de ser curioso, cuando la gran referencia del urbanismo moderno es una mujer: la insigne y admirada Jane Jacobs.

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En todo caso, no hay como salir de tu pequeño caparazón e investigar un poco para entender el por qué de las cosas.

El por qué del discreto contenido de la Disposición Adicional Decimoctava de la Ley de Urbanismo de Cataluña, que exige que la Administración incorpore la perspectiva de género en su desarrollo reglamentario, para garantizar la promoción de la representación paritaria en la composición de los órganos colegiados que aprueban los planes urbanísticos (sorprendentemente, compuestos por hombres en su mayoría), así como la evaluación del impacto de la acción urbanística en función del género. También, el por qué del artículo 69 del Reglamento que desarrolla la citada Ley de Urbanismo, que exige que la Memoria Social de los planes incluya una evaluación del impacto de la ordenación en función del género para contribuir a la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, con enumeración de los vectores que dicha Memoria deberá contener para la cumplir esta norma.

Sin embargo, nada de eso es suficiente porque, seamos francos, ningún abogado recurría un instrumento de planeamiento urbanístico por no incluir una reflexión sobre el género. Hasta ahora. El Tribunal Superior de Justicia de Madrid ha dictado en abril de 2017 una Sentencia en la que tira al suelo el Plan General de Boadilla del Monte por… (redoble de tambores): NO TENER PERSPECTIVA DE GÉNERO. Más allá de la interesante reflexión jurídica que realiza la sentencia en cuestión -que sólo nos interesa a los que nos dedicamos a esto- la Sentencia afirma la necesidad de esta reflexión dado que “debe examinarse también el obligado cumplimiento de manera activa del mandato de igualdad y no discriminación entre mujeres y hombres en el ámbito de la ordenación territorial y urbanística”. Así, por ejemplo, indica que los instrumentos deben considerar el impacto de género que estos instrumentos pueden tener al regular la ubicación y características de los viales y conexión de las calles con las escuelas, o la tipología edificatoria en relación con la seguridad pública y la prevención de agresiones sexuales a las mujeres.

Afortunadamente, no son pocos los medios que, poco a poco, se hacen eco de esta problemática, como por ejemplo este artículo publicado en El Diario hace unas semanas.

¡HOLA! ¿ALGUIEN SIGUE LEYENDO? Pues ahora viene la historia de Angels. Angels es una señora en paro que tiene dos hijos adolescentes. Es una mujer superviviente de violencia doméstica, con una orden de alejamiento dictada contra su exmarido. Busca trabajo a través de varias fundaciones que ayudan a mujeres en su jodida precaria situación. Así que, durante una visita para preparar una posible entrevista de trabajo como personal de limpieza, se le preguntó cuáles eran sus puntos débiles para ese trabajo. Dijo que el miedo. Desde una vida sin órdenes de alejamiento, entendemos que es el miedo a no triunfar, a que no salga el trabajo, a llevarnos mal con el jefe. Desde su perspectiva es miedo a ir a trabajar de madrugada a un área financiera llena de rascacielos y aislada de todo; miedo a esperar en una parada de autobús sin contacto visual con prácticamente ningún ser humano a las 5 de la madrugada; miedo a llegar a casa a última hora de una tarde invernal a través de una calle sin tiendas y sin iluminación.

Y esto, señoras y señores, es una de las manifestaciones del urbanismo con perspectiva de género.

 

Arrête ton Cinéma!

A los que trabajamos en una oficina, rodeados de trajes grises y nos dedicamos a cobrar por ensuciar papel, a veces nos parece que otros mundos son más civilizados e igualitarios. Concretamente, nos parece que en el mundo de la cultura, donde -seamos sinceros- la sensación es de que la mentalidad es algo más progresista que en el mundo de los negocios, los problemas de machismo, de falta de igualdad en reconocimiento y sueldo, son menores.

Nada más lejos de la realidad. En la última entrega de los premios Goya en España, la falta de igualdad entre los sueldos, protagonismo e importancia de los papeles asignados a actores y actrices fue un clamor. Como dice Leticia Dolera en este artículo “Si siempre ponemos al hombre en el centro de la historia lo que le estás contando al mundo es que el héroe tiene que ser el hombre. Y la mujer, la víctima a rescatar o el objeto sexual”. Y si bien es cierto que la diferencia entre actores y actrices es flagrante, si nos giramos y miramos diferencias entre hombres y mujeres en los puestos de carácter técnico en las películas es todavía mayor. El hecho es que sólo un 14% de los nominados este año a los Cabezones de Honor eran mujeres y que a ellas se les asignan normalmente los premios de peluquería, vestuario y maquillaje, cuando muchas mujeres son guionistas, directoras de arte y fotografía.

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Hay lugar para la esperanza y Anna Serner y el Instituto de Cine de Suecia pueden conocer parte de la solución. Y es que en ese país, hasta 2012 sólo había un 26% de películas dirigidos por mujeres, cuando en 2015 lograron que ese porcentaje subiera al 50%. ¿Mujeres a toda costa? ¡No! Tras ello, la representación de Suecia en los festivales del mundo era en un 70% femenina, y el porcentaje de mujeres que ese año obtuvieron los premios de la academia del cine sueca fue superior al 50%. ¿Cómo? Siguiendo cinco líneas estratégicas y desmontando mitos:

  • Hay muy pocas mujeres realizadoras competentes. ERROR. Hay muchas, pero son menos visibles que sus compañeros masculinos. Encontrémoslas.
  • Las mujeres no llegan a realizar su segunda o tercera película. SÍ, lo consiguen. Pero les cuesta más encontrar socios y financiación.
  • La comparación entre el porcentaje de hombres y mujeres en el cine no conduce a la igualdad. SÍ, lo conseguirá. Porque adoptar decisiones teniendo en cuenta la desigualdad existente conducirá a reducir esa desigualdad en un futuro.
  • Hay menos mujeres jóvenes que quieren ser realizadoras que hombres. Eso es simplemente, falso. Lo que puede ocurrir es que muchas mujeres se desanimen antes de empezar al ver las dificultades que eso entraña. Démosle la vuelta y animémoslas.
  • Los que están en el poder no quieren que las cosas cambien. Desde los poderes públicos hay mucho que hacer y promover; con el tiempo, el sector privado también avanza y modifica sus estructuras, sobre todo si se dan cuenta de que con las actuales pierden talento pero, sobre todo, dinero.

Hay mucho que aprender de este Instituto y de su directora. Y mucho por hacer. De momento, las mujeres se asocian en distintos grupos, para apoyarse pero, sobre todo, para informarse. Así por ejemplo (H)emen, CIMA o EWA. Ese es el segundo paso, después de haber tomado conciencia de la situación. Y a partir de allí, a trabajar.

No es sencillo (ni cómodo)

La vida, en su carril, es en general sencilla. Si no te mueves, sales en la foto (aunque sea en una esquina). Hay pocas cosas que te molesten con desmesura. Sigues, evolucionas dentro de lo que se espera de ti. Es cierto que a veces te sientes incómodo, sin saber por qué; que sientes cierto malestar y no identificas de dónde proviene. Pero, en la mayor parte de las ocasiones, entierras esa sensación con el ritmo de la vida y tu entretenimiento por pura supervivencia.

Sin embargo, a veces verbalizas ese malestar. Lo localizas, le pones palabras y lo identificas claramente. A partir de ahí, no hay marcha atrás. Cada vez que se manifiesta de alguna manera, te rebelas contra él. Tal vez no puedas eliminarlo, pero sí puedes poner encima de la mesa que no, que esa no es la manera, que no te gusta, que no lo soportas y no lo vas a tolerar. Ya nunca.

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Esa es exactamente la sensación que algunos tenemos con el feminismo (y con las manifestaciones machistas, en consecuencia). El día en que te das cuenta de que es el machismo que flota en la sociedad una de las fuentes de tu malestar, ya nunca puedes dejar de pensar en clave feminista. Y a partir de allí, canciones que antes eran aparentemente inocuas, pasan a ser intolerables; dejas de ver películas que eran puro entretenimiento; censuras en el trabajo refranes y comentarios que tú mismo has dicho más de mil veces. Y es mucho, muchísimo, lo que se te manifiesta como inaceptable. A partir de allí, intentas atajar la causa de tu malestar, pero sólo lo puedes hacer a través de un feminismo serio y consciente, ya que las canciones, las películas, los comentarios en el trabajo no desaparecen -estos últimos tal vez los modulen en tu presencia, pero no desaparecerán-.

Es mucho más cómodo a corto plazo seguir en el carril y hacer lo que se espera de ti como mujer en la vida y en el trabajo. Sin embargo, es una comodidad relativa, al servicio de la mayor comodidad de los demás. Una vez que has abierto los ojos, jamás puedes volver a ese carril.

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Men explain things to me. Por Rebecca Solnit.

El libro de Rebecca Solnit no habla de los temas que queremos tratar en este blog. Y, a la vez, trata de todo lo que queremos tratar en este blog.

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El libro de Rebecca Solnit arranca con una anécdota que es, precisamente, un síntoma del comportamiento que provoca que escribamos estas palabras. Arranca con la célebre anécdota en la que un hombre explica a la propia autora de qué va un libro. Un libro que ella misma ha escrito. Y que él ni siquiera ha leído. Se trata de una situación en la que muchas mujeres se encuentran a diario en sus trabajos. Reuniones, llamadas, encuentros, en los que una mujer tiene que escuchar callada cómo un hombre, sólo por el hecho de serlo, le explica -mal- el tema en el que ella es experta. Cuando probablemente él ni siquiera ha leído una palabra sobre el tema. Este es el panuestrodecadadía en la vida profesional de muchas mujeres.

Después, el libro pasa a ser casi un tratado de filosofía sobre la situación de la mujer en los últimos siglos. Eso implica, claro está, que de ahí se pase necesariamente a hablar de situaciones mucho más graves que el paternalismo en el trabajo. Se habla de violaciones en grupo, de cómo éstas se intentan evitar sólo a través del comportamiento de la potencial víctima -no te vistas así, no vayas sola por la noche- y no a través del comportamiento del agresor -no violes- y de asesinatos a manos de maridos y parejas. Habla de violencia de género y de cómo, afortunadamente, la reacción de muchas mujeres y hombres a lo largo de las últimas décadas ha conseguido que se acuñen nuevas expresiones necesarias para alcanzar igualdad al menos en el papel: el concepto violación marital antes no existía, puesto que no se contemplaba la posibilidad de que una mujer pudiera ser violada por su marido, éste se limitaba a ejercer su derecho; el acoso sexual en Estados Unidos no fue reconocido como un comportamiento punible por el Tribunal Supremo hasta 1986.

Tal y como señalamos en nuestro ideario, no es el objetivo de este blog tratar las formas más graves de agresión a las mujeres. Sin embargo, lo que no podemos negarle a la autora del libro es que, al final, todo es machismo y son las actitudes leves las que sostienen las más graves. Porque al final, parafraseando a Solnit (que a su vez cita a Marie Sheer) “feminism is the radical notion that women are people, a notion not universally accepted but spreading nonetheless”.

El libro de Rebecca Solnit trata de que en el trabajo, en casa, en los campus universitarios, en las relaciones de pareja, en los bares y tabernas, las mujeres deben ser tratadas como personas, ni más ni menos.

Sin duda, de eso sí que trata este blog.

El libro está disponible en la versión original inglesa y también traducido al castellano por Paula Martín en una edición bastante cuidada.

“Best Female Chef”: la delgada línea entre el reconocimiento y la condescendencia

Hace algunos días el New York Times publicaba un artículo sobre la chef francesa Dominique Crenn a quien le dieron el galardón de “Best Female Chef” el año pasado (la ganadora de este año y las de años anteriores las encontraréis aquí).

Seguro que los méritos de Dominique son muchos y más que merecedores de este y otros reconocimientos. Si algún día vamos a su restaurante de San Francisco, intentaremos tener opinión propia, pero vamos a lo que realmente nos llama la atención del artículo del NY Times.

Algunos de los más prestigiosos jueces, críticos, etcétera de este ultra competitivo mundo de la alta cocina sueltan maravillas de este nivel: “cocina como un hombre”, “si ha llegado hasta aquí es porque tiene talento y trabaja duro, pero no nos engañemos, también porque tiene un enorme carisma, es guapa y tiene acento francés”. Ambas perlas vienen del crítico gastronómico Michael Bauer del San Francisco Chronicle.

No acabamos de saber si el Sr. Bauer está de acuerdo o no con el galardón. Si lo está, flaco favor hace a la pobre Dominique resaltando su belleza cuando valora su profesión. Y si lo que quiere decir es que la alta cocina es un mundo de hombres al que desgraciadamente solo se llega siendo guapa y, mejor aún, francesa, podría haber buscado un mecanismo algo más efectivo de denuncia.

De hecho, las críticas al galardón vienen de largo y se han repetido este año. Y con ellas la clásica disyuntiva entre la necesidad de dar un “premio extra” para visibilizar a las mujeres bajo el techo de cristal o dejar que compitan en (teórica) igualdad de condiciones en un mundo de hombres, controlado por hombres y premiado por hombres. Un mundo en el que, una vez más, sólo se da un caramelito a las mujeres especialmente luchadoras, especialmente fuertes y especialmente “masculinas” (no usamos el término en sentido peyorativo, sino refiriéndonos a la imagen típicamente “masculina” del triunfador). ¡Cuánto nos recuerda esto a las cuotas!

Nos encanta la comida, nos encanta la cocina, y nos encanta que ambas estén de moda. ¿De verdad que también aquí tenemos que tragarnos que los hombres juegan en otra liga?

The Importance of Being FCB

El miércoles fue el Día de la Mujer. Ya nos hicimos eco del hecho, de la noticia y de la controversia que ello provocaba incluso entre algunas feministas. Ese día, cientos de miles de mujeres salieron a la calle y se manifestaron.  Hubo un movimiento internacional masivo. Hoy las mujeres se encuentran más sensibilizadas que en ningún momento de la historia: la movilización colectiva y la concienciación es la única manera de conseguir una igualdad hoy inexistente. No sólo hubo manifestaciones, sino que hubo también paros, firmas y lecturas de manifiestos y actos de otra naturaleza en instituciones públicas y privadas. Sólo en Madrid se habla de una manifestación de entre 40.000 (según la Delegación del Gobierno) y 500.000 personas (según la organización).

Sin embargo, la mayor parte de los periódicos nacionales ocuparon su portada con otros menesteres:

De los tres periódicos anteriores, únicamente La Vanguardia dedica un breve espacio a las manifestaciones que tuvieron lugar el día anterior.

ABC sigue a su aire:

portada ABC 9 de marzo

Y sólo El País dedica su foto de portada a las movilizaciones por el Día de la Mujer, incluyendo el inicio del relato del drama de Vilma Trujillo:

portada El País 9 de marzo

Sin negar la importancia que para los seguidores del fútbol tuvo el partido que se celebró el miércoles en Barcelona, lo cierto es que resulta difícilmente justificable que le robe absolutamente todo el protagonismo a una movilización internacional masiva; algunos periódicos ni citaron las manifestaciones celebradas, como se ha podido ver.

Aunque trata fundamentalmente del mundo audiovisual y de la televisión, en “Homo videns: la sociedad teledirigida”, Giovanni Sartori reflexiona sobre lo que es y lo que no es noticia. ¿Qué es la noticia? ¿Lo que la gente quiere oír? ¿Lo que los medios quieren que sea noticia? ¿Lo que realmente lo es?